Aunque abril está siendo un mes complicado para elaborar contenido para estas páginas por la dificultad para encontrar momentos para escribir reflexivamente sobre un tema que os pueda interesar, no queremos dejar pasar ningún fin de semana, en la medida de los posible, si una dosis de alimento fotográfico. Y hoy iremos a conocer una fotógrafa del siglo XX que, aunque ya fallecida hace unos años, tiene cosas que enseñarnos.
Inge Morath (1923 – 2002) fue una fotógrafa austriaca que, como tantos otros artistas e intelectuales alemanes, austriacos o de otros países de la Europa central tuvieron que exiliarse por el auge del nazismo y sus regímenes afines en otros países de la región. Y como tantos de estos artistas, acabó instalándose en Estados Unidos. Fue la primera mujer en incorporarse a la agencia Magnum Photos, invitada por Robert Capa, y se codeó con todo tipo de gentes del mundo de la cultura. Estuvo casada con el dramaturgo Arthur Miller… luego explicaré la chispa que impulsó su relación.
Su fotografía es fundamentalmente documental, con una mirada humana, y en ocasiones no exenta de humor, sobre la realidad que la rodea. Y sus temas fueron variados. En ocasiones se introdujo sin dudarlo en la fotografía conceptual, por ejemplo en colaboración con el historietista Saul Steinberg. Recuperando el tema de su relación con Arthur Miller, en 1960 fue invitada con otros fotógrafos de Magnum Photos al rodaje en Reno de The Misfits (Vidas rebeldes en España, Los inadaptados en la América latina). Entre ellos Cartier-Bresson, Ernst Haas, Eve Arnold además de la propia Morath. La película fue dirigida por John Huston a partir de una historia corta de Arthur Miller, que estaba presente en el rodaje. Miller estaba casado en aquel momento con Marilyn Monroe, que protagonizó la película, aunque su relación hacía aguas por todas partes. Fue la última película completa que rodó Monroe. El coprotagonista masculino fue Clark Gable, y también fue su última película, ya que murió poco después del rodaje. Tras el divorcio de Miller y Monroe, el dramaturgo comenzó la relación con la fotógrafa.
Pero más allá de la crónica «del corazón» de la película, las fotografías de plató de aquella película, realizadas por tan prestigioso elenco de fotógrafos merecen la pena ser contempladas, sin lugar a dudas. Pero hay más relacionado con este rodaje. Morath se desplazó a Reno desde Nueva York acompañado por Cartier-Bresson, en un largo viaje por carretera, que dio lugar a otra serie y libro de fotografías notable The Road to Reno. Uno de mis libros de fotografía favoritos. Cartier-Bresson usaba una Leica M3 con un objetivo de 50 mm, que era el propio del fotógrafo. Morath tenía otra forma de ver el mundo y utilizaba una Leica M2 con un objetivo de 35 mm, que con el tiempo se convertiría en el preferido por tantos fotógrafos documentales.
Morath utilizó desde muy temprano el color como medio de expresión. En aquella época, muchos fotógrafos profesionales consideraban el blanco y negro como el medio fotográfico serio, esencial, puro, siendo el color cosa de aficionados o del público general cuando hacía sus fotos familiares y de vacaciones; una atracción de mercadotecnia para incitar al consumo de película fotográfica. Pero Morath fue una de las primeras fotógrafas en reivindicar el color como medio de expresión fotográfica tan válido como cualquier otro. Y yo estoy de acuerdo con ello.
Sería muy extenso mencionar o repasar todos los temas y trabajos de Morath, pero quizá haya que destacar sus series realizadas en China a partir de 1978. Tras el reconocimiento general de la República Popular China como gobierno legítimo del gigante asiático, frente al reconocimiento como tal del gobierno de Taiwán como gobierno legítimo del país, fue uno de los primeros fotógrafos o fotógrafas en recibir un visado que le permitió recorrer durante varios años el país, documentándolo con su cámara fotográfica.
Desde el año de su fallecimiento, Magnum Photos instauró el premio Inge Morath, reconociendo en memoria de la fotógrafa austriaca el trabajo de fotógrafas emergentes, muchas de las cuales, con este impulso han acabado siendo fotógrafas reconocidas y de prestigio. Hace unos años, en Fundación Telefónica de Madrid hubo una impresionante exposición colectiva con siete fotógrafas ganadoras de este premio recorriendo por etapas el Danubio, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el mar Negro. Morath, que nació a orillas del gran río europeo quiso realizar este recorrido, y lo hizo en parte. Pero no completamente, porque los países del Telón de Acero no se lo pusieron fácil. En cualquier caso, tanto las fotografías de Morath como las de las siete ganadoras del premio fueron impresionantes. Lo único que he lamentado es que nunca he encontrado que se trasladara aquel trabajo colectivo a un libro en el que conservar aquel trabajo.
No me enrollo más. Como podéis ver, una fotógrafa representativa del siglo XX, precursora en muchos aspectos que, quizá, como tantas otras mujeres, ha quedado eclipsada por otras figuras masculinas, pero que en absoluto se encuentra ni un paso atrás de cualquiera de ellos tanto en calidad, como en conceptos, como en humanidad.

Una respuesta a “Conoce a una fotógrafa; Inge Morath, curiosidad y humanidad”
Fantástica fotógrafa y entrada